PRESENCIA DECIMONÓNICA DE GUATEMALA EN BAJA CALIFORNIA SUR.

PRESENCIA DECIMONÓNICA DE GUATEMALA EN BAJA CALIFORNIA SUR.

date_range18-Jul-2021

Preámbulo Desde mediados del siglo pasado (1950) se conoció de una corriente de opinión de ecologistas norteamericanos en California, agrupados en el Sierra Club de San Francisco, quienes por sus opiniones coincidieron en denominar a la Península de Baja California como “Geografía de la Esperanza”. Escriben, don Miguel León Portilla y David Piñera Ramírez, en las primeras páginas de su libro Baja California, de la colección Historia Breve, lo siguiente: “Pensaban ellos que esa península, una de las más largas del mundo, escasamente poblada y muy poco comunicada, era algo así como un gran parque nacional. Era ésa una naturaleza muy poco contaminada que había que proteger para provecho de las generaciones futuras.” (p. 13). Pero también han sido predominantes esquemas que contrariamente a lo que piensan personas como los intelectuales señalados, que desde siempre han visto a la península como una tierra de negocios de verdadera rentabilidad para sus bolsillos, de lo cual no se escapan proyectos de desarrollo que no solo han contaminado el aire, las tierras y aguas marinas, afectando especies endémicas o migratorias en la península, sino cometiendo arbitrariedades y despojos en contra de nativos y comunidades en la California originaria. De ello, innumerables lecciones, ejemplos, libros y procesos judiciales hablan, pero ello no es motivo del tema de esta narrativa, sino de señalar lo que ha venido siendo obvio: clarificar que no son los pueblos del país del norte, incluyendo otros de ultramar, sino las élites políticas y económicas, las que por su propia dinámica siguen aferradas a sus pretensiones que llegaron a su clímax durante la guerra de Intervención de Estados Unidos contra México en 1847, con la consabida mutilación de más de la mitad de los cuatro millones del territorio nacional mexicano, o las posteriores incursiones de corsarios, filibusteros y piratas; mientras que por el lado contrario, la que sigue siendo una utopía, un ideal, más no una ficción literaria, el panamericanismo alimentado desde la cultura por intelectuales y artistas, destacadamente escritores y poetas, que se debe seguir impulsando para fortalecer la fraternidad, la amistad y el compartir una historia similar y muy imbricada con los pueblos originarios, desde antes del descubrimiento y la conquista, y posteriormente con sus altibajos, a partir de las luchas independentistas, la mayoría de la metrópoli española. Ese panamericanismo que no debe ser limitado por las modas ideológicas y tampoco caballo de Troya de grupos políticos interesados en tomar fuerza para hacerse del poder y perpetuarse en él.2 Nuestra península, y más ampliamente la República Mexicana se ubica geográfica y culturalmente entre Estados Unidos de (Norte) América y los países Centroamericanos, de los cuales, Guatemala ocupa una larga tradición e historia de relaciones y hasta de asimilación recíproca con nuestro país. No solo es curioso, sino digno de entenderse, analizarse y estudiarse, pero también promoverse una visión de conjunto, más allá de las fronteras establecidas entre las naciones, como las que mencionamos, porque las divisiones que separan, aunque respetables por sí, son superficiales si las revisamos a la luz de procesos históricos, sociales, culturales, demográficos, incluyendo la evolución sociopolítica de los países. José Yela Ruiz; La Equidad y el servicio público Todo este preámbulo intenta ubicar no una hipótesis, sino un planteamiento que también ha tenido motivaciones y actores, en el caso de Baja California Sur, y que aún no ha sido objeto de investigación sistemática y particular acerca de personalidades de origen extranjero, que contribuyeron a nuestra evolución y desarrollo; como es el caso de don José Yela Ruiz, guatemalteco de origen, y que al cabo de sus primeras décadas de vida se naturalizó mexicano, y provisto de dos profesiones, la primera adquirida de ingeniero agrimensor en su país natal (25 de noviembre de 1867), y la segunda de abogado graduado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, 5 de noviembre de 1874 ), con las cuales desempeñó responsabilidades del servicio público en Baja California Sur, para dejar su impronta, en La Paz como jefe de redacción de La Equidad que fue el periódico oficial gubernamental, cargo al que renunció para trasladarse a Mulegé como funcionario público tanto en procuración de justicia y luego secretario de aquel ayuntamiento, en una etapa de relativa estabilidad debida a las recientes convulsiones políticas y la inestabilidad provocada por las facciones en la lucha por el poder político en el centro del país, que repercutían más que nada económicamente por la situación de olvido y marginación en que por siglos se mantuvo a la península. De lo anterior nos ilustra el maestro Gilberto Ibarra Rivera, en su monumental obra Diccionario Sudcaliforniano. Historia, geografía y biografías de Baja California Sur, México, acerca de don José Yela Ruiz, quien también fue Secretario de Gobierno durante la Jefatura Política y Comandancia Militar de Máximo Velasco: En su labor administrativa figuró como responsable y redactor en jefe de la Equidad, periódico oficial del Terr. de B. C., a partir del 4 junio de 1875. Este órgano fue antecedente de la edición del Boletín Oficial del gobierno del Territorio de Baja California. Se separó de su cargo con licencia a partir del 1 de septiembre de 1876 y renunció en diciembre siguiente. Nuevamente fue ocupado como representante del Ministerio Público en el Partido Centro, sustituto del Lic. Ignacio Espinoza, pero no aceptado por las autoridades superiores de la ciudad de México; sin embargo, permaneció en la cabecera y fue nombrado secretario del Ayto. de Mulegé y escribiente de la subprefectura del Partido Centro. Unos años después lo encontramos en Sonora, en donde hasta el 11 de febrero de 3 1882 impartió la cátedra de Geografía Descriptiva y la primera clase del idioma inglés en la Escuela Principal de Hermosillo, Son.” De la brevedad y la importancia de los datos que esta obra de Gilberto Ibarra nos aporta acerca de Yela Ruiz, se puede deducir su perfil de un hombre estudioso, aplicado en sus objetivos desde que salió de Guatemala, enterado aunque quizás no actor central en los terrenos de la política peninsular, implicado en la procuración de justicia, por su profesión de abogado, escribiente o asesor de la subprefectura del Partido Centro, en que por aquellos años se dividió la península por el gobierno central, y ya fuera de este territorio, como maestro en Hermosillo, Sonora. Su perfil de servidor público se complementa con lo que se consigna en la historia del periodismo sudcaliforniano, especialmente en el libro de Adrián Valadés , citado por Cuauhtémoc Morgan, quien señala: “Hacia fines de 1874 aparece La Atalaya, dirigida por el profesor Carlos Fernández Galán, de origen capitalino y que por espacio de 50 días en 1867, fungió como gobernador imperialista del Distrito Sur, sin que los opositores a Maximiliano lo hubieran dejado jamás tomar posesión del cargo. Desde esa tribuna Fernández Galán fustigó cruelmente al gobernador juarista, general de división don Máximo Velasco Velásquez, acusándolo incluso de peculado, lo que originó que en septiembre de 1875 el aún presidente Sebastián Lerdo de Tejada enviara a un grupo de auditores que declararon inocente al gobernante y encarcelaron, por difamación de honor, al maestro imperialista católico. Datos interesantes por la relación de don José Yela Ruiz con Adrián Valadés, quien también mantuvo por aquellos años una activa participación pública e intelectual, en nuestra ciudad capital sudcaliforniana, a lo que agrega Morgan en el citado trabajo: “El propio general Velasco impulsó la creación del periódico La Equidad, editado por su secretario de gobierno José Yela Ruíz en el recién estrenado taller de quien habría de ser un célebre escritor, impresor y prominente miembro de la masonería local, don Adrián Valadés, profesor originario de Mazatlán que andando el tiempo sería electo presidente municipal de La Paz, ciudad donde radicó de 1861 a 1911. “En La Equidad se publicaron las sesiones del ayuntamiento, temas mineros, además de dar a conocer en diciembre de 1875 nuevas disposiciones con respecto al culto católico y la política. Por lo regular, el periódico oficial era supervisado y coordinado por el secretario general del Gobierno Territorial en turno, brazo jurídico de esa institución normativa. Preservación de La Equidad por el Archivo Histórico “Pablo L. Martínez” Una prueba más del importante acervo documental del Archivo Histórico del Estado lo constituye el hecho de que su director, Luis Domínguez Bareño, digitalizó y facilitó en forma electrónica diversos ejemplares de este periódico cuyo redactor en jefe fue el licenciado4 José Yela Ruiz, y una serie de actas del gobierno Territorial, firmadas por este distinguido guatemalteco-mexicano. En uno de estos ejemplares conservados y resguardados en el repositorio estatal observamos secciones del periódico como Partes Oficiales del Gobierno General, Sección Judicial, Edictos, Avisos, Gacetillas, Anuncios Comerciales en español e inglés, itinerarios de Diligencias de la Baja California, salidas y travesías del servicio de Vapores (Buques); y la infaltable declaración oficial que expresaba la obligatoriedad de la normativa aprobada a nivel central: “Por acuerdo del Gefe (sic) Político accidental y Comandante Militar del Territorio, hago saber que las leyes, decretos y demás disposiciones de autoridades federales, así como las particulares de este Gobierno, son obligatorias por el solo hecho de publicarse en el presente órgano oficial “La Equidad”. Independencia y Libertad. La Paz. Julio 2 de 1875.- José Yela Ruiz, Secretario.” Por su cargo de Secretario de Gobierno Territorial, la responsabilidad de Yela Ruiz de publicar el periódico oficial, también recayó en él como redactor en jefe, lo se dio presumiblemente, -por los datos con que se cuenta- por el lapso de 15 meses, de junio de 1875 a su separación en septiembre de 1876, para su renuncia definitiva en diciembre de aquel año, por lo que podríamos decir que las circunstancias descritas en el libro de Adrián Valadés y citadas por Cuauhtémoc Morgan en su ensayo sobre historia del periodismo sudcaliforniano, permiten suponer que el ambiente de confrontación del gobierno reformista representado por Máximo Velasco con la iglesia católica local, por las disposiciones anticlericales autorizadas, pudo ser causa de la renuncia de Yela Ruiz a su encargo en el periódico oficial: “Sobre el aspecto religioso cabe destacar que en esos años en esta capital, se manifestó una actitud muy anticlerical por parte de las autoridades, en apego estricto al espíritu de las Leyes de Reforma. La masonería comenzó a tener un auge inusitado, situación que preocupó a la jerarquía católica paceña, ya que como integrantes de esa fraternidad se contaba a personajes muy destacados de la sociedad. Eso fue causa de enfrentamientos entre los curas opuestos totalmente a los grupos masónicos que tomaron el poder en México”. Yela Ruiz y Valadés Castro, contemporáneos Sin duda en esta etapa las vidas de Yela Ruiz y de Adrián Valadés Castro se cruzan, ya que como se deduce en líneas anteriores el primero vivió un breve tiempo en La Paz (1875- 1876), ocupando un alto cargo de gobierno, por poco más de un año, mientras que Valadés Castro, originario de Mazatlán, Sinaloa, vivió de 1861 a 1913, donde desarrolló una importante actividad como funcionario público municipal, escritor e impresor, y dada la escasa población, sería prácticamente imposible que no se hayan relacionado profesionalmente, incluyendo la similitud de sus labores y vocaciones. No tenemos la fecha de la muerte de José Yela Ruiz, pero por el año de 1882 vivía en Hermosillo, Sonora, siendo dato interesante el que Adrián Valadés quien, después de desarrollar toda una obra 5 historiográfica y literaria al promover tradiciones y leyendas sudcalifornianas que divulgó en periódicos y posteriormente en libros, murió en Guaymas, Sonora, el 26 de noviembre de 1918. Otto Raúl González, poeta guatemalteco-mexicano. La presencia destacada del guatemalteco José Yela Ruiz en el siglo XIX, en La Paz, pudo haberse recordado -no lo sabemos- un siglo después, cuando en el mes de mayo de 1979, un paisano suyo, también naturalizado mexicano, obtuvo el primer lugar en el Certamen Nacional de Poesía “Licenciado Manuel Torre Iglesias”, por su poemario El hombre de las lámparas celestes: el poeta Otto-Raúl González, quien precisamente acudió a la ciudad capital sudcaliforniana a recibir su trascendental galardón literario. El poeta guatemalteco-mexicano en aquella ocasión fue entrevistado por Arturo Medellín, dándose cuenta de ello en la Revista “Panorama” número 13, de la UABCS, correspondiente a mayo-junio de 1979, donde el poeta señaló: “Haberlo ganado fue una sorpresa: porque yo siempre he sido partidario de participar en los concursos literarios, porque considero que es la única oportunidad que tenemos los poetas de darnos a conocer; sin desde luego perseguir la vanidad, la gloria o causas de esas. Mientras más conocido sea, mayor compromiso adquiere para hacer mejor su obra.” Igual sostengo que la presencia de Yela Ruiz debimos recordarla en octubre de 2020 cuando, a invitación del amigo Daniel Ruiz Isáis, recientemente nombrado Cónsul Honorario de Guatemala en Baja California Sur, precisamente en una de las actividades relativas a la visita del Embajador de Guatemala en México a La Paz, Excelentísimo Mario Búcaro -a quien acompañó el Cónsul General de Guatemala en Tijuana, maestro Erick Cardona-, tuvimos la oportunidad de comentar su libro “El hombre de las lámparas celestes”, en una sala del Museo de Antropología e Historia en La Paz, maravilloso poemario de Otto Raúl González, reimpreso para esa ocasión, y por el que este destacado poeta se hizo acreedor al galardón de poesía mencionado. No puedo dejar de recordar a memorables escritores guatemaltecos que han contribuido a la cultura universal y destacadamente a la latinoamericana, como Augusto “Tito” Monterroso (fabulista sinigual, originario de Honduras y naturalizado Guatemalteco), Miguel Ángel Asturias (Premio Nóbel, 1967), Luis Cardoza y Aragaón, Mario Monteforte Toledo, Humberto Ak´abal, Romelia Alarcón, José Batres Montúfar y muchos más; y sin dejar de mencionar y rendir honores a Rigoberta Menchú, luchadora universal de los pueblos originarios, Premio Nóbel de La Paz en 1992. Más aún, reflexionando sobre el tema, convenimos en la necesidad de recordar, aún con una somera y apresurada investigación, el tiempo y el servicio público e histórico que prestó a Baja California Sur, don José Yela Ruiz, en La Paz y en Mulegé, bellas poblaciones de esta tierra que seguramente amó como nosotros, y a cuya memoria se dedica este trabajo.