San Javier un pueblo misional de Baja California Sur, a 320 años de su fundación

San Javier un pueblo misional de Baja California Sur, a 320 años de su fundación

date_range14-Dic-2019

San Francisco Javier fue un relevante misionero jesuita nacido en el año de 1506 y fallecido el 3 de diciembre de 1553 (día en que se le venera en este bello lugar), miembro del grupo precursor de la compañía de Jesús, es decir, la de los jesuitas, y estrecho colaborador de su fundador, Ignacio de Loyola, se destacó por sus misiones que se desarrollaron en el oriente asiático y en el Japón recibiendo el sobrenombre de Apóstol de las Indias.

Cuando se conseguían curaciones milagrosas, él consideraba que esto se debía a otras causas y no a su santidad, o a su poder de intercesión, razón de más para que en marzo de 1622 fuera canonizado, es decir, declarado santo, en el mismo momento que el fundador de la orden jesuita, Ignacio de Loyola.

Una de las mandas más veneradas y cumplidas por los creyentes católicos de Baja California Sur son en honor al santo patrono de San Javier, a quien a veces se le agradece su milagro con una peregrinación a pie o a caballo por los casi 37 kms de camino que se hacen desde la carreta hasta la entrada del templo. Este lugar de adoración se encuentra ubicado en las inmediaciones de la Sierra de la Giganta, en una de las misiones que originalmente fue erigida para cristianizar a los antiguos californios a través de un proceso conocido como misión aquella institución religiosa que durante el periodo colonial se encargó de de cristianizar a los nativos cuyo fin primordial era que los indígenas aprendieran a vivir por su cuenta a través de una educación, el aprendizaje de la agricultura y la ganadería, la doctrina cristiana y que fueran económicamente útiles al reino español. Para el caso la península de Baja California fue el único medio con el que se pudo lograr su colonización a finales del siglo XVII pues hasta entonces todos los intentos de penetración europea fueron sendos fracasos.

Un primer antecedente misional lo tenemos en el año 1683 cuando el Padre Misionero Eusebio Francisco Kino dirigió una expedición evangelizadora que llegó costeando el Mar de Cortés hasta San Bruno, cerca de Loreto, y desde esa estación misionera la expedición se abrió paso poco a poco a través de la rocosa sierra hoy conocida como la Giganta, a los cuatro meses de iniciada la exploración el Padre Kino alcanzó finalmente las costas del Mar del Sur (Océano Pacífico), se logró el primer acercamiento con los nativos. Pero en San Bruno las condiciones climáticas no fueron favorables  por lo que el gran sueño de Kino se evaporó.

Sería hasta 1697 cuando un pequeño grupo de europeos y gentes de la Nueva España, pusieron nuevamente pie en la península para intentar fundar allí misiones entre los nativos a los que ya les comenzaban a llamar californios. El día 19 de octubre de 1697, ese reducido grupo a las órdenes del padre jesuita Juan María de Salvatierra desembarcó en la bahía nombrada San Dionisio en un lugar al que los nativos (de lengua cochimí) llamaban Conchó, que significa mangle colorado y tomaron posesión del lugar que andando el tiempo se llamaría Loreto. El día 25 de octubre llevaron en procesión solemne la imagen de la Virgen de Nuestra Señora de Loreto, en ese ritmo de fe, proclamaron esa tierra como territorio español.

Una vez fundada la misión de Nuestra Señora de Loreto y hacer inspecciones de reconocimiento tierra adentro, se comenzaban a buscar o identificar lugares propicios para las nuevas fundaciones misionales, es decir, que contaran con algún represo de agua y tierras más o menos fértiles para la agricultura, y algún pastizal para la cría de ganado caballar y mular. Así, La misión de San Francisco Javier fue fundada por el padre misionero jesuita Francisco María Píccolo el 11 de mayo de 1699, quien llegó al sitio llamado por los nativos Viggé Biaundó, que hace referencia a la gente que vivía en lo alto de la montaña, en compañía de soldados e indios nativos provenientes de la recién fundada misión de Nuestra Señora de Loreto.

Se dice que los indios californios de la etnia cochimí los recibieron gustosos y después de permanecer allí durante algunos días se retiraron para regresar poco tiempo después con el objeto de construir una capilla provisional y rústicas habitaciones. La capilla fue terminada ese mismo año y fue bendecida por el padre Juan María Salvatierra.

Para 1701 le tocaría al padre Juan de Ugarte continuar con la recién fundada Misión de San Francisco Javier dados sus conocidos talentos en agricultura. Una vez que llegó a la misión comenzó con los cultivos de maíz, trigo, fríjol, caña de azúcar, uvas y árboles frutales. Para su riego construyó canales y piletas de piedra para conservar la escasa agua del lugar. El padre misionero introdujo al lugar también la crianza de animales domésticos como caballos, vacas y mulas.

A la muerte del padre Juan de Ugarte en el año 1730 en la misión que tanto quiso, lo reemplazó el padre misionero Miguel Barco, quien diseñó e inició la construcción definitiva de la iglesia en 1744, misma que duró catorce años en construcción, debido a la dificultad que hubo para acarrear la piedra del arroyo de Santo Domingo y, por otra parte, por la escasez de artesanos especializados, como: maestros de obra, albañiles y carpinteros. Edificada totalmente de cal y cantera. El conjunto arquitectónico incluyó la sacristía, una bonita fuente y jardines exteriores, cementerio y casa para el misionero. Se logró concluir la obra en el año de 1759.

El establecimiento de San Javier, dio origen a la construcción del primer camino en la península. A partir de su fundación, inició un lento proceso de exploración y expansión del régimen misional, con la fundación de nuevas misiones. El contacto con los indios naturales, permitió a los misioneros adentrarse en las serranías de la Giganta, el dificultoso tránsito entre matorrales y cauces de arroyo, paulatinamente se fue trasformando en un angosto camino de herradura. La construcción del Camino Real se realizó a mano, los misioneros, acompañados de unos cuantos indios evangelizados, nivelaron poco a poco, una escabrosa ruta para comunicar a las primeras misiones californianas de Loreto y San Javier.

El Camino Real inicia en el poblado de Loreto, atraviesa parte del arroyo principal del pueblo, hasta adentrarse en la Sierra de la Giganta, hasta la antigua región de Biaundó. Atraviesa el poblado de San Javier, con dos claros marcadores, el monumento de piedra denominado Cruz del Humilladero y la misión de San Francisco Javier Viggé Biaundó.  Esta misión y, esta traza del camino daría, continuación para la fundación de algunas misiones más como la de Santa Rosalía de Mulegé, San José de Comondú, La presentación y Los Dolores.

De todos los templos misionales de Baja California Sur, el de de San Javier  es uno de los originalmente mejor conservados, “Joya de la arquitectura californiana”, así lo consideran muchos de los arquitectos y especialistas que han realizado estudios al respecto, o que han conocido los templos que fundaron los misioneros jesuitas, franciscanos y dominicos a lo largo de la ruta de las misiones, que va desde San José del cabo hasta el norte del actual estado de la Alta California, en Estados Unidos.

La iglesia de piedra, se mantiene aún en su estado original, contienen un retablo dorado con cinco óleos, traídos desde la ciudad de México embalados en cajas; estatuas de San Francisco Javier y Nuestra señora de Guadalupe y un crucifijo, todos del siglo XVIII. Dos de las campanas llevan la fecha de 1761 y la tercera de 1803.

La obra de los jesuitas, durante los setenta años que permanecieron en San Javier, se ve reflejada en las aportaciones culturales relevantes, enseñando a los nativos técnicas y procedimientos útiles para su mejoramiento como: agricultura, albañilería, construcción, carpintería, viticultura, vinicultura, industrialización de la caña de azúcar, elaboración de dulces en conserva, ganadería, curtiduría, talabartería, elaboración de queso, artesanías, medicina naturista y primeros auxilios.  

Gran parte de los cultivos que lograron adaptarse, se convirtieron en elementos culturales de la identidad regional. El dátil, el olivo, la vid, el higo, los cítricos y la caña de azúcar, entre otros, forman parte de la dieta diaria de las comunidades tradicionales y constituyen, además, la materia prima de dulces, conservas, aceitunas, aceite de oliva y vinos, que aún son elaborados en los pueblos y ranchos, con métodos tradicionales que son transmitidos de generación en generación.

Las obras hidráulicas de la misión de San Javier son hoy monumentos históricos, las pilas y acequias del pueblo, fueron construidas en el siglo XVIII y hoy en día, junto al olivo ya tricentenario continúan irrigando las huertas en las que se siembra como entonces el olivo, la vid y diversos frutales.

Es pues, por todo lo expresado, que la misión de San Francisco Javier, fue pieza fundamental del proceso de colonización de las Californias. Sus habitantes conservan y veneran, hasta la fecha, el majestuoso   templo, así como tradiciones y costumbres centenarias, heredadas de esos perseverantes misioneros y de los colonos que los acompañaron desde 1699 cuando entraron por primera vez a la cañada de Viggé-Biaundó.  Todo esto lo hace un patrimonio histórico, invaluable, que, comprendido cabalmente por los naturales de este hermoso lugar, les ayuda enormemente para fincar su identidad y afirmar que son parte de estos Californios. Un pueblo pequeño pero enorme de historia.

Definitivamente San Javier cautiva no solo por su belleza natural sino porque es un lugar emblemático que nos transporta con lo más puro de la imaginación hacia los siglos antiguos, cuando la pitahaya era el alimento más codiciado, cuando los olivos centenarios, eran apenas plantados por los misioneros y cuando se ponían las primeras piedras para levantar tan majestuoso monumento.

De acuerdo con el santoral se le dedica el día 3 de diciembre para honrarlo y recordarlo motivo por el cual se ha instituido “La Fiesta de San Javier” que conjunta actividades religiosas, culturales, recreativas y deportivas. Sin embargo, es importante rescatar también el festejo de la fundación de la misión, pilar de este pueblo, y que sea una tradición anual, ya que ha trascendido a lo largo de los años como un lugar que ha mantenido intactas sus costumbres, herencia de esos misioneros luchadores que recorrieron regiones inhóspitas y que un 11 de mayo, pero de 1699, erigieron lo que hoy es San Javier Viggé Biaundó, lugar que se embelesa y con nostalgia se sienta en espera de los tiempos.

Dr. Luis Alberto Trasviña Moreno