La Rosa Fragmentada

La Rosa Fragmentada

date_range16-Mar-2020

Nuevo galardón en la creatividad de Christopher Amador Cervantes.

Por Valentín Castro Burgoin

Grata noticia para las letras sudcalifornianas significó hace unos meses la decisión del jurado de la III Edición del Premio Diderot de Ensayo 2019, al nominar el texto “La Rosa Fragmentada” de Christopher Amador Cervantes como Finalista de ese relevante certamen internacional de las letras hispanas, en la misma cuna de la Madre Patria de  Cervantes Saavedra.

La reciente calificación  que distingue al joven autor paceño  honra también   a los escritores sudcalifornianos porque  permea en el ambiente intelectual de este brazo milenario de México, el ideal predominante de que el oficio de escribir no tiene el objetivo de ganar fama y lo que ello significa en monetario, sino de responder al sentimiento íntimo y placentero de usar el lenguaje escrito como el más elevado medio de integrar lo infinito del espíritu en los límites de una comunidad -como la sudcaliforniana- que al resistir condiciones agrestes del medio geográfico, y las que en nuestra singular historia  le han querido imponer la codicia de invasores de distinta procedencia (filibusteros de ultramar o de flujos financieros más recientes),  ha tomado de ello fortaleza para sostenerse en un territorio idiosincrático,  donde se han trasplantado islas de globalización, las que por su lógica inercial e ideológica, impactan tradiciones, formas de convivencia y hasta modos idiomáticos ancestrales, aún conservados en los reductos y baluartes de las rancherías alejadas de los centros urbanos y cercanas a las paradisíacas serranías.

En “La casa de la presencia” busco a Paz para adentrarme al lenguaje y las formas de “La rosa fragmentada“: “He escrito y escribo movido por impulsos contrarios:  para penetrar en mí y para huir de mí, por amor a la vida y para vengarme de ella….

En esa complejidad de palabras sencillas “La Rosa Fragmentada” es un texto breve y profundo que denota de la epidermis a la raíz, la formación del autor -avizoro desde antes de que  abriera sus  ojos y  conciencia a este mundo singular que es Baja California Sur- desde su corpórea fisonomía hasta el grado de su lograda intelectualidad, que lo presentan como un ser endémico como las más representativas cactáceas que se elevan apuntando al cielo azul celeste  y despejado, cuya cúpula sostiene el más ardiente sol -que más  disfrutamos que padecemos-, pero que también se ha forjado en el herraje metafórico de sus construcciones gramaticales, como un ser universal  que denota un manejo arquitectónico tanto del lenguaje hecho palabra como de la p-rosa poética en las avenidas del verso libre, conduciendo al lector por los sensibles  senderos de la gramática poética.

Desde la sutil portada del libro,  en  color rosa fragmentado por las fisuras que asemejan la orografía  de la más joven entidad del noroeste mexicano, que vista desde la estrecha ventanilla de cualquier avión comercial, el vuelo que Christopher Amador Cervantes nos invita a seguir en setenta y siete páginas,  en una apretada travesía por el lenguaje  en la altitud de socorridas y persistentes figuras metafóricas, nos revela lo que  sostiene Octavio Paz, en el sentido que la poesía no puede estar aprisionada en un género,  un verso o las más ortodoxas formas literarias: “Si reducimos la poesía a unas cuantas formas -épicas, líricas, dramáticas-, ¿qué haremos con las novelas, los poemas en prosa y esos libros extraños que se llaman  Aurélia, los cantos de Maldoror o Nadja?” -Nos recuerda el infatigable autor de El Arco y la Lira.

Siguiendo a Paz, intentando caminar  para encontrar la llave de la comprensión del poema tenemos que hurgar en la persona humana –sutil e inapresable–  de Christopher Amador Cervantes.  Ello porque en mi opinión, que aclaro es la de un lector en formación, el ensayo galardonado es un ensayo poético, porque más allá de lo que el autor expresa, es lo que encuentro como una aportación personal, no de su visión de la realidad a la que le insufla poesía, sino  a la estructuración del mensaje escrito que permite una pluralidad de encuentros de figuras retóricas, más allá de la lógica de los signos que componen palabras y palabras que engarzan versos, que hacen que el lector se detenga complacido para viajar en búsqueda de estaciones mentales, para develar un imaginario que es tan atractivo como satisfactorio a la estimulación neuronal,  surgida a partir de sumergirse en las procelosas aguas de ese mar bravío en que puede constituirse el lenguaje de los signos.  

Aquí una cita como muestra: “Quien desea ser poeta echa sus lágrimas al mar, memoriza un par de versos intentando retener escombros líquidos de esa arquitectura que no deja de danzar y tira todo lo que obstruye el paso ciego de su giro sobre el autor.”

Impacta reconocer que como presumible  cardón de uno de los frecuentes bosques en la geografía sudpeninsular de la Antigua o Baja California, Christopher en su oficio de poeta a través del ensayo, no es otra entidad más que su persona que se nutre del paisaje y de lo que la tierra, más desértica que mediterránea, y el mar fantástico y pródigo catalogado así por su capacidad de contener vida en abundancia, le han ofrecido para que los tome como ladrillos de su edificación  poética, y una vez terminada la lance al universo,  más no al infinito, sino a ocupar un espacio en los peldaños de la escalera literaria, por donde ya avanzan los textos variados y premiados en distintos certámenes estatales y nacionales, ahora  en el Viejo Continente. 

Son frecuentes alocuciones y palabras, que impregnan el cuerpo literario de La Rosa Fragmentada: el mar, pez,  buzo, carnada, flotar, nadan, oleaje, náufrago, aguas estériles, barcos,  el desierto, signos agrestes, el silencio;  pertenecen al campo semántico que identificamos con la sudcalifornidad, concepto en el que sin ser exclusivamente palabras nuestras, cualifican el entorno en que hemos vivido en la insularidad del tiempo con mayor intensidad,  por largos periodos como  los del prolongado semi-nomadismo de nuestros antiguos californios y las  misiones jesuitas evangelizadoras del triunfo de la cruz,  con el único Dios, del estrenado lenguaje español y de la abigarrada cultura occidental, sembrada, no obstante, con el arado de la extinción irreverente.  

Y no asombra por ello encontrar en ese campo semántico singular de la poética de Amador Cervantes las referencias a Dios, el principio de las cosas, la manzana y el Jardín del Edén, en el lenguaje las huellas de Dios, las puertas del cielo, contarle con los dedos las vértebras a Dios, coronar el corazón de espinas, lo que ubica su formación en la religiosidad y la fe, como aspectos que antes que negar como moda intelectual a la fe y cuestionar la existencia de Dios, pretendiendo sentarse cómodamente en las vías de la modernidad, le colocan en un plano de humildad y le postran ante la omnipresencia  del Eterno.

Como persona, quien por su segundo apellido nos recuerda la inmortalidad  del  autor de  El Quijote, no llegó a la creación literaria por los laberintos de la academia, y en esto no es distinto a Paz, García Márquez, Amado Nervo, López Velarde, Díaz Mirón, Pablo Neruda y a otros singulares clásicos hispanoamericanos, sino  por la incesante y persistente lectura: “Como lector aprendí a admirarlos en la soledad de paredes frías y estanterías repetidas hasta el absurdo de una biblioteca pública  sin lectores, rodeado por sus libros conocí el rencor de brasa enfriándose que suele guardar un libro nunca abierto.

Así, la obra de Christopher es obligada referencia para apuntalar la teoría de que el autodidactismo perseverante, obsesionado o metódico, terco o tesonero y perseverante, logra más que cualquier circunstancia de nacer en los ambientes propicios, de la variante que sean, para que todo hombre o mujer que tenga la vocación, puede ganar espacios por su solo esfuerzo, usando los dones y cualidades para las que fue creado;  más como cuando en Baja California Sur las oportunidades no son espontáneas, y las puertas deben abrirse con la idea firme de la superación y la tenacidad. 

Honor merecido.

*Presidente de Escritores Sudcalifornianos, A. C.