Casa sola, colmada de libreros plenos

Casa sola, colmada de libreros plenos

date_range14-Dic-2019

La soledad suele ser buena consejera, brinda tiempo para estar con uno mismo y disfrutar de
la buena lectura, pues como bien dijera Borges, uno es lo que es por aquello que ha leído… y
dicen que imaginaba su cielo, como una especie de biblioteca.

Paseando la vista por mis libreros, me encuentro con una
buena porción de obras sobre lo mucho que he andado y
vivido en el Occidente y Noroeste de México: los cuatro
estados que forman el contorno agreste del Golfo de
Cortés, este Bermejo mar que convierte en brazo diestro
nacional a la Península de la Baja California.
Por supuesto que tengo más de Jalisco, pues si en el
noroeste llevo una docena de años, de mi tierra ancestral
supero los 8 lustros, a los que habría que sumar más de una década en el altiplano de
Anáhuac, entre el Distrito Federal y su diadema mexiquense.
Pero no sólo conservo textos de mis andanzas por siete estados… pues
he ido mucho más lejos a través de la generosidad creativa de mis
autores favoritos: Matilde Asensi, Jeffrey Archer, Irving Wallace, Ildefonso
Falcones, Michael Crichton, John Grisham, Philip Margolin, José Manuel
García Marín, Álex Grijelmo, Armando Fuentes Aguirre, Estela Davis,
Juan Melgar, Paulo Coelho, Pérez Reverte, Ikram Antaki, Agatha Christie,
Erle Stanley Gardner, Ian Fleming, Harold Robbins y hasta Dan Brown. Sin faltar los clásicos

de Cervantes, Shakespeare, Camus y similares; pues sólo del Quijote, conservo 4 ediciones
de especial y muy diferente catadura.
Para pensar en profundidad y encontrarse con la esencias de uno mismo, vale la pena
filosofar más allá de religiones o creencias propias, quizá sólo por conocer cómo se mira al
mundo, con diferentes perspectivas y enfoques… entonces me encuentro con las obras de mi
amigo Cónsul de Israel, Marcos Shemaría Zlotorynski –cuyos diálogos del hombre con su
conciencia, presentara nuestro mutuo amigo presbítero, Armando González Escoto, a nombre
de Jesús de Nazaret– “El Pescador y tú”. Y por ahí me encuentro con Chopra o con Henri J.
M. Nouwen y sus “meditaciones ante un cuadro de Rembrandt”: “El regreso del hijo
pródigo” (paisanos ambos artistas, el escritor y el pintor).

Entre los de colección, están los de mi fratello Ildefonso Loza
Márquez García de Quevedo –el “Papólogo” tapatío– y sus
innumerables viajes a Roma y el Vaticano, desde aquella transmisión
radiofónica “vía cable submarino”, de la entronización del inolvidable
primer Cardenal mexicano, don José Garibi Rivera; y luego “ya
picado”, sus “78 días del 78”, con las historias y sucesos de todos los
Papas, desde Paulo VI a Francisco. Más tantos otros que tuvimos la
fortuna de editar con Grupo Modelo, como aquellas “Palabras que no se llevó el viento” (del
propio Ildefonso) o el de “Noticias del fraile de la Calavera”, de mi querida amiga y aguda
periodista Laura Castro Golarte, quien con tanta generosidad
me ha permitido disfrutar de mil y una de sus radiofónicas
“Buenas Noches Metrópoli”, entre versos propios y ajenos.
Y si no han leído la fina y aguda prosa poética de Guillermo
García Oropeza, es que no conocen Guadalajara. Él es todo
un “Guadalajarólogo”, fiel cronista de lo actuado por nuestro
mutuo amigo Eugenio y su patronato del mejor zoológico de
América latina (entre otras cosas); hay que leerlo, junto con
Yáñez e Ignacio Dávila Garibi.
Vienen los de nuestro muy querido decano en Tertulias Tapatías, don Alberto Orozco
Romero, los de don Enrique Varela Vázquez, los mil y un “bretes” del
Cura más alteño e incansable editor, el padre “Chayo”, así como los de
cada uno de nuestros contertulios. Y qué
decir de los compañeros más asiduos a
cada una de las etapas de Razón y
Acción (periodismo reflexivo y plural de
Jalisco para el mundo); como el siempre
presente en la FIL, Manuel Hernández
Gómez.

Si de “memorias” se trata, conservo “A la distancia”, de mi admirado jefe y Amigo don Jesús
Silva Herzog Flores, quien incluso hasta me permitió que “le enmendase la plana”; pero
también tengo “Sin querer queriendo” de Gilberto Gómez Bolaños “Chespirito” y
“Motivaciones para la locura” de “Chava” Flores.
Si de poesía se trata, tengo librero aparte; aunque una buena dotación se la llevó hace
algunos años mi hija Verónica… versos propios y ajenos, de Neruda, Sabines, Bécquer,
Benedetti, Nervo, Peza, Pita Amor, Enrigue, los Machado, Figuera, Borges, León Felipe,

García Lorca, Mistral, Urbina, Olga Freda y tantos más; pero de manera muy
especial, los “Jirones de mi vida” de don Constancio Hernández Allende,
con la invaluable dedicatoria de su hija y muy querida maestra mía,
realmente “con el corazón en la mano”.

¿Y qué podría decirles de las letras de mi querido y
admirado maestro y amigo, don Luis Sandoval Godoy?
Hijo predilecto de El Teúl zacatecano… allá donde “…Y la
luz se hizo…” Nunca encontraré palabras para
agradecerle la oportunidad que me brindó hace casi 50
años, con mis primeras letras en su revista
“Orientación”… y vaya, que entonces sí, hasta me creía “escritor”, en
esos años de adolescente, cuando escaso se te hace el mar, para echarte
un buche de agua…

De mi campo administrativo vale citar de manera muy significativa a
James C. Hunter y su Paradoja o a Tom Morris, primero con su
versión aristotélica de la gestión profesional, pero también con la
administración –¿por qué no?– desde la perspectiva de Harry
Potter.
Bueno, seré acaso un ratón de biblioteca, pero mientras el Señor me
permita el don preciado de la vista, tengo para leer y releer, toda
una eternidad. Vicio o afán que me heredó mi madre, y habrán de
perdonarme que tras leer, me dé por compartir lo que me va
quedando, y aquí en Razón y Acción, con la presente llego
precisamente a 500 semanas continuas… gracias mil –ante todo–
por la generosidad de su paciencia.
¡Seamos felices, por favor!, que la vida es como un barquillo con
nieve, fuera del refri: si lo disfrutas, se acaba, y si no, también…

Uriel Eduardo Santana Soltero