Los Carpiaritos

Los Carpiaritos

date_range14-Dic-2019

En ese momento asocié “carpiaritos” con la expresión “carp”, como un prefijo de “carpintería” debido a su fonema. La carpintería conforma un universo conocido por mí; ya que uno de mis hermanos fabrica muebles artesanales, durante su tiempo libre y en algunas ocasiones, también yo me sentí a gusto al sostener una tablita o aplicar pegamento sobre la misma, mientras comentábamos lo vivido esa semana.

Hasta allí, mi disertación sobre la madera porque Mair me interrumpe abruptamente. Para mi asombro, me explica que no existe vínculo alguno entre tales palabras. Desde su pensamiento cosmogónico me dice: ¡Que no es así señora! Y respirando profundamente, enfatiza que “Carpiaritos” debe pronunciarse con cautela, para no invocar fuerzas sobrenaturales y a la vez, desconocidas.

 Al instante, me percato de la seriedad con la cual maneja el tema al comprobar que ya no sonríe y observo un cambio en su semblante. Ella, quien es una joven agraciada, soñadora y dueña de una particular sonrisa; tiene la frescura de sus 20 años. En este momento el tema incita mi curiosidad cuando Mair me pregunta si me gusta la sal, le respondo con una detallada exposición sobre las consecuencias del consumo excesivo de la sal y los beneficios que aporta su ingesta cuando lo hacemos moderadamente. En la cara de Mair se dibuja el desconcierto, descubro que esa no es la respuesta esperada. Y a renglón seguido me increpa:

 -¡Señora a usted no le gusta la sal!  ¡Se la van a llevar los Carpiaritos!

Lo dice con semblante de preocupación y su convicción es tan patente, que me siento culpable por su estado de ánimo. Entonces muevo mi silla hacia su lado derecho y le digo con interés auténtico: Por favor, cuéntame más acerca de los Carpiaritos.

Mair eleva su mirada, en un gesto de súplica celestial, al tiempo que se arma de valor para resolver mi ignorancia.

-¿Señora le digo cómo son ellos? Se presentan de manera sigilosa sin que usted los llame, son pequeños como enanitos de Blanca Nieves, usan unos grandes sombreros, tienen los pies largos para plantarse bien y su cara tiene rasgos amistosos. Como le digo una cosa, le digo otra, ellos se enamoran de las personas y persiguen al “suertudo”, se le aparecen, le ofrecen regalitos,  baratijas y le sonríen para luego desaparecer.

-Gracias Mair, es una descripción clara y precisa, la cual me facilita el conocimiento de  los “Carpiaritos”, tanto que me permito hacer un símil con los Duendes citados en los relatos antiguos. Tengo la sensación que sabes mucho acerca de ellos.  ¿Los has visto en algún momento?

-¡Zape gato! No los he visto y no quiero verlos. Le aseguro que existen porque mi primo Juan nos contó la manera cómo se libró de ellos y nosotros lo vivimos con él.

Todo comenzó  cuando mi primo estaba sentado a la orilla del río, pensativo, buscando en su cerebro una solución para detener el deslave del terreno donde se asienta la casa de mi tío; ya que la creciente ocurrida durante el invierno de ese año fue mayor que la anterior; la fuerza del agua erosionó todo el borde de tierra.

Ahora imagine usted que Juan está a la sombra de un árbol de mango, comiendo su almuerzo, como siempre con poca sal. Con la preocupación por arreglar las bases de la casa, no advierte el movimiento de las hojas, así como el silbido del viento. Cuando súbitamente, siente una mano sobre su hombro izquierdo, se sobresalta porque cree que está solo. Se mueve y gira la cabeza para mirar a una joven diminuta que le guiña un ojo. Mi primo espantado le dice: ¿De dónde saliste, qué buscas?

La joven sonriente le responde: Soy una “Carpiarita”, vivo cerca, delante de ese árbol, pasando el río; puedes llamarme Carpi. Te veo siempre cuando te sientas aquí, hoy vine a decirte que me gustas mucho y estoy enamorada de ti.

Mi primo percibe un fuerte aroma a incienso y como es alérgico a ese tipo olores, le da un mareo y pierde el conocimiento. No tiene idea del tiempo que permaneció inconsciente, pero recuerda que escuchó una vocecita a su lado; era Carpi. Con esfuerzo se levantó y caminó desde la habitación a la puerta principal, Allí tomó conciencia del ambiente, con inquietud reconoció que no estaba en la casa paterna. Se armó de valor y confrontó a la joven.

-Debo volver a mi casa, ¡No tengo deseos de estar aquí!

 La vocecita le dijo:

-Ahora esta es tu casa Juancito. ¡Vamos a  ser muy felices!

Juan desconocía el tiempo que llevaba al lado de Carpi. Tampoco sabía que nosotros, su familia, lo buscamos afanosamente, sospechamos que había caído al río y formamos cuadrillas de rescate para sacarlo del agua.

-Mair es lamentable lo que vivieron ustedes, ¿cómo salió tu primo de ese trance?  

-Bueno todo tiene solución porque mientras haya vida, hay esperanza. Nosotros teníamos el pálpito de que Juan se mantenía con vida y  seguimos buscándolo; entre otras cosas  porque lo conocemos, sabemos que es un hombre fuerte, muy inteligente y no se acobarda ante nada. ¡Por eso, la “Carpiarita” se enamoró de él!

 Es importante señalar que a petición de ella y con agua del río, Juan la bautizó con el diminutivo “Carpi” Pienso que este hecho contribuyó para que él pudiera librarse de ella.  La joven le dijo que  podía llamarla así, lo cual me causó mucha gracia y le dije que era un igualado. Sin embargo, entendí su posición desde mi empatía con él, debido a la posición de rehén en la cual ella  lo mantenía.

Juan nos detalló la forma más acertada para desencantar a Carpi, también pensó que sería  útil para alcanzar su libertad. Recordó que la abuela nos enseñó a remediar los temidos encuentros con los “Carpiaritos”  Entre otros recursos: Rociar la habitación con sal fina y hacer una cruz con sal gruesa, colocar ajo alrededor de la cama, comer los alimentos  en ambientes antihigiénicos y con modales grotescos. La razón es porque ellos son bien aseados y les desagrada la imperfección y lo ordinario. En consecuencia, cuando Carpi  le ofrecía alimentos, mi primo aplicaba sus malos modales, hasta que ella vivió la fase triste de su amor y lo retornó a la orilla del rió. Mi familia y yo nos alegramos muchísimo por el regreso de mi primo a la casa y la abuela ha puesto en práctica sus remedios anticarpiaritos.

-Mair es interesante conocer la historia de tu familia, asimismo, es admirable ver como la actitud de tu primo Juan determinó su victoria ante tales circunstancias.

– Estamos seguros que es así. Como le digo una cosa le digo otra, de acuerdo a la experiencia de mi primo, le recomiendo que agregue más sal a la comida porque su comida está desabrida, como acostumbraba comerla él. Por su bienestar y  para evitar que se la lleven los “Carpiaritos” tiene que cambiar ese hábito. Particularmente. No me gustaría formar parte de los grupos de rescate para buscarla, sólo porque insiste en comer sin sal.

Mirna Sifontes de Márquez.