Algo de Sudcalifornia

Algo de Sudcalifornia

date_range14-Dic-2019

Entramada en los giros de la literatura medieval,
Garci Ordoñez de Montalvo (1450-1505), en su obra las
Sergas de Esplandián (1510) en el Siglo XVI. Daba a
conocer en la península Ibérica, una Ínsula California, la que
ha conservado el nombre California hasta hoy.
Sitúan tu cuerpo en una geografía
lejana por el sueño de un caballero. Saladas
aguas pulen tus esteros e islas. La sombra
de cardones y el breñal se dibujan en tu
suave alfombra de arena, día y noche. A tu
contorno sinuoso lo sigue el mar que lame las
playas. Tu piel guarda las venas del paso de
ríos secos y en su entraña corre el agua
como potro desbocado. Palpita el corazón de
los pozos y la transparencia líquida apaga la
sed. Guardas como niña, fósiles como
recuerdo. Testimonios del paso de amonites
y saurios, que vivieron placidos en tu paisaje,
hace milenios.
Calafia
Bruñida por el sol y el agua, la
amazona solitaria, a grupa de su Grifo,
trasmonta las dunas del paisaje, el que
amanece con un horizonte niño cada día.
Calafia, llega a la playa y mira el mar que
golpea furioso las rocas de la costa
acariciando su contorno arenoso y suave con

manos de agua y dedos espumosos. Ella ha
permanecido en la ínsula como una leyenda y
se ha quedado hasta hoy en el imaginario del
pueblo sudcaliforniano.
Pericús, Guaycuras y Cochimiés
Disfrutaron la sombra bajo hojas de
palmeras en horas calcinantes. Los frutos de
los cardones endulzaron su boca y los
humedales apagaron su sed. Enterraron a
sus muertos en bolsas de piel de venado y
dejaron plasmadas en lajas enormes, flora,
fauna y su imagen personal en color blanco,
negro, y rojo, en la hoy llamada Sierra de San
Francisco. Testimonios de su alma sensitiva y
fértil entorno, hoy presentes a pesar del
tiempo. Ellos gozaron el inmanente cielo
negro, tachonado de miríadas de estrellas.
La conquista.
El palmar se mece al ritmo de la brisa,
acoge ingenuo las pisadas de conquistadores
en sus cálidas arenas. Corceles, cañones,
espadas y atronadoras armas, masacraron tu
libertad y aplastan los intentos de
salvaguardar tu lar. Mientras, el viento
ingenuo silba entre el breñal y se perfuma de
tus flores que coronan cardones vestidos de
espinas.

En la soledad del semidesierto, hacen
el amor… miedo y deseo. Nacen tus hijos a
pleno sol, acunados en cálidas arenas.
Culturas distintas, se cobijan bajo el embozo
de tu firmamento.
Las misiones
Llegan a imponer su dogma
misioneros, sucede el milagro… la palabra
divina, se expande por tus dunas y los
Jesuitas y Franciscanos enseñan artes y
aprenden artes de tu pueblo. Tus misiones,
son la columna vertebral a lo largo de tu
cuerpo, fueron erigidas por tus hijos con
sangre, sudor y lágrimas, a semejanza del
sufrimiento de ese Dios, que les promete el
perdón de los pecados y la vida eterna.
Los ranchos
Cerca del humedal y entre el breñal,
corre el olor de las pitahayas dulces en pleno
semidesierto. El rancho apaga su sed
alimentándose del agua de tu vientre. Las
parras trepan los techos, caen las uvas y se
embriaga, el huerto. También se aroma el aire
con olor a damiana y albahaca en los campos
preñados en el Valle de Santo Domingo,
latido de tu corazón en pleno semidesierto.

El ranchero
Curtido por el sol, prepara sus arreos
de caza para su supervivencia, el ágil venado
no es más rápido que su puntería. Su alma de
artista, crea piezas de su piel y cornamenta, y
degusta su carne envuelta en tortillas de
harina palmeadas a mano con manteca y
leche de vaca o cabra. Hace panocha de gajo
de la miel de caña, pitahayas, higos, dátiles y
queso fresco, así se alimentan sus días.
Sus manos creadoras, diseñan su
particular vestimenta y los avíos necesarios
para protegerlo del cruel y espinoso entorno.
Elabora su cuera o traje (curtiendo la piel de
animales), y también lo necesario para
proteger su cabalgadura, al realizar sus
labores con el ganado. La silla de montar,
chaparreras, botas y el sombrero (entre otros
objetos), ayudan su labor protegiéndolo de la
flora y fauna de la región y ante el extremoso
clima. Esta tradición del modo de vida del
paladín sudcaliforniano, continúa presente
aún hoy.


Hasta aquí, una brevísima mirada del pasado de la bella y siempre sorprendente Sudcalifornia.

Leticia Garriga